jueves, diciembre 16, 2010

Una maravilla menos...

Y llegó la hora. Llegó la hora de hacer turismo, o como digo yo, turisteo. Cargué la batería de la cámara de fotos, me puse calzado deportivo y cómodo, cogí dinero suficiente y recé para que las nubes me dieran un respiro. Mi destino era el Cristo Redentor y, para aquellos que nunca estuvieron por Río, es muy importante subir un día claro y así divisar en toda su magnitud la ciudad costera más famosa de Brasil, por no decir casi del mundo.

Como iba diciendo, me preparé para visitar una de las 7 Maravillas del Mundo y así tachar otra más de mi lista, la cual por desgracia no está muy "tachada" aún. Sólo visité la Gran Muralla en China y estuve a puntito de ir al Taj Majal, fue una verdadera pena que me cogiera un tifón en Shanghai y malgastar mi único día libre de 14 de trabajo por culpa de ese inoportuno fenómeno natural. Pero no pasa nada, tengo la firme convicción de que volveré y podré tachar ese monumento de mi lista.

Uno suele hacer muchas listas, se suele proponer retos en la vida. Algunos quieren hacer puenting, otros prefieren acabar una maratón, otros se conforman con perder esos kilitos que le sobran para verano. En mi caso, que soy una persona que no suele tener ninguna perseverancia en lo que hace e intentó en numerables ocasiones prepararse para correr esa maratón, que vió reportajes sobre personas que hacen puenting y, como todos ya sabéis, ¡nunca llegué a perder esos kilitos antes del verano! Así que, como veo que aquello que supone un esfuerzo o un reto ante mis miedos es algo que no voy a alcanzar, me he puesto retos más sencillos y que será fácil poder cumplirlos.

Uno de tantos, es visitar las 7 maravillas del mundo moderno. Aunque parezca una quimera, he estado en muy buena posición de tener casi visto el 80%. Dos viajes frustrados a Roma, un viaje preparado a Jordania al que ningún amig@ se apuntó y el mal logrado viaje a Delhi ha hecho que mi lista pudiera estar a día de hoy con 5 tachones, pero que tan sólo se encuentre con 2. Pero no me rindo, este reto lo voy a conseguir. Me he propuesto que ahora que me encuentro en el hemisferio sur, intentaré en algún momento de mi aventura, una pequeña escapada a "Machu Pichu" en Perú, y no me refiero a los sudamericanos indígenas que plagan nuestra ciudad de Madrid, sino al antiguo poblado andino Inca. Y si se pudiera, aunque esto ya no está tan cerca, ir a "Chichén Itzá" en la península de Yucatán, Mexico. Pero bueno, eso será algo para el futuro y estamos en el presente, en las navidades de 2010.

Y en este período tan atípico para mí, navidades de 2010, en un ambiente playero, con 30ºC y tan alejado de la percepción de Navidad que he tenido en los últimos 26 años, me presenté yo en una de las 7 Maravillas. El Cristo del Corcovado, "Cristo Redentor". Figura de 30 metros de altura que se levanta en lo alto del Corcovado, figura que se divisa casi desde cualquier punto de la ciudad y que vela por la misma. Debo admitir, que se magnifica tanto a esta estatua, que cuando uno llega y la visita, queda algo decepcionado por su tamaño. Esperas algo gigantesco y te encuentras algo que solamente enorme. Así somos las personas, unas desagradecidas.

El Cristo no es un monumento cualquiera en Río, es "el" monumento. La mejor forma de llegar a este bellísimo lugar es a través del tranvía que sube el corcovado, 20 minutos de viaje a través de una tupida selva en mitad de la ciudad. Divisando animales tropicales, frutos típicos de estas latitudes y, sobre todo, postales privilegiadas de todos los rincones de la ciudad carioca. Y después, las escaleras. El Cristo ya esta ahí, lo ves, lo hueles, lo saboreas, pero antes de poder disfrutar de la grandeza del mismo, debes cumplir penitencia y subir varios tramos de escaleras ante su atenta mirada para que, al final, y tras esa infinidad de escalones; coronar el Corcovado y tragar saliva ante la imponente estatua. Es, hasta cierto punto, sobrecogedor. Más que por la estatua en sí, por lo que representa, por pensar que nunca jamás te habrías imaginado estar ahí, bajo los pies del Cristo y sobre una de las ciudades más famosas y carismáticas. Es un pensamiento que recorre mi mente cada vez que algo así sucede en mi vida, pienso en aquellos momentos de patio de colegio donde mi máxima preocupación era jugar a la pelota y cuando todos estos lugares pertenecían a las fotos que había en mis libros de geografía y que miraba, incrédulo de mí, sin saber que algún día los visitaría y, sobre todo, disfrutaría.

Ahora que se acerca el 2011 y las infinitas promesas de fin de año. Yo, me reafirmo en la idea que tengo desde hace unos años, desde aquellos larguísimos viajes en coche desde Barcelona hasta Madrid. Lo único que tacharé este año, será una maravilla más.

¿Cuál será la siguiente? ¿Serás tú?

continuará........


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